Antes de la conferencia:
Había venido escuchando sobre la conferencia en Quito desde principios del año pasado, sin embargo, tenía planeado comenzar mi Brecha en enero, lo cual conllevaría gastos, y pensaba que sería difícil recaudar los suficientes fondos para cubrir lo necesario para el encuentro. Pero Dios no se dejó superar al mostrarnos su bondad y providencia, pues algunos hermanos de Jésed tuvimos la bendición de encontrar un vuelo baratísimo y no dejamos pasar la oportunidad. Gracias a Dios y a la generosidad de mi comunidad, también pude aprovechar el plan de ahorro, y en menos de dos días, ya estaba decidido que asistiría. Gracias a Dios mis papás me apoyaron con los gastos de estancia para los días previos al encuentro, ya que mi vuelo salía el 31 de julio.
Ese día volamos un grupo de alrededor de 30 hermanos, universitarios y solteros, y nos encontramos también con algunos hermanos de Xalapa. Mi primera sorpresa llegando a Quito fue la hospitalidad de los tíos que nos recogieron en el aeropuerto, cuando estábamos a punto de pagar un taxi que nos llevara hasta el hostal en que habíamos reservado. Sentí como si hubiera salido de casa para llegar a casa, y reconocí los abrazos como los de verdaderos hermanos en Cristo.
Algunos de los hermanos que viajamos y nos hospedamos juntos fuimos compañeros de turisteo y nos lanzamos el primer día a pie, a ver hasta dónde llegábamos, y los siguientes días mejor decidimos tomar taxis y “buses”; pudimos conocer la Basílica, la Compañía de Jesús y la Catedral en el Centro Histórico, los parques de El Ejido y la Alameda, La Ronda, el Teleférico, etc.; probamos la comida quiteña, las empanadas, los frejoles y el arroz. También pasamos buena parte de nuestro tiempo en el mercado de artesanías donde nos surtimos de regalos para nuestras familias (mi mejor compra fue una llama muy linda que regalé a mi hermano). Era emocionante encontrar a otros hermanos de Jésed que habían llegado después y que se hospedaban en otras partes, o incluso a hermanos de otras comunidades, como de Rep. Dominicana y España. El reencuentro más emotivo que tuve fue cuando vi a Eli, una hermana de Jésed que está haciendo su Brecha en Mexicali, junto con quien estuve muy al pendiente de la cuenta regresiva para volver a vernos. En este tiempo previo lo que más disfruté fue la relación más cercana que pude establecer con algunos de mis hermanos, los ratos de oración en la mañana con la gente de Mexicali, cuando llenábamos la terraza del hostal, los tiempos de compartir, de diversión, y hasta de descansar.
Durante la conferencia:
El día de la conferencia me sentí algo desorientada porque no he tenido la oportunidad de asistir a VEMs, conferencias, u otras actividades que implican el conocer a hermanos de otras comunidades, ya que tengo poco más de un año viviendo comunidad. Sin embargo, me pegué a otros hermanos, me colé en algunas mesas para comer, llegaba a presentarme solita, y así pude conocer más gente con la que sigo teniendo contacto. Además del ambiente de fiesta y hermandad que se vivió, lo que más me impresionó fueron las sesiones generales con las charlas y tiempos de oración.
El primer día, inmediatamente me vi confrontada y me pregunté si estaba ya llegando hasta el límite de mis posibilidades para servir al Señor, pero principalmente, me pregunté sobre si estaba realmente dispuesta a vivir comunidad en la EDE, con todo lo que implicaba vivir auténticamente este llamado. Por ese lado, me sentí animada a seguir formando parte de este baluarte, a ser parte activa del pueblo, y herramienta de labranza, libremente a disposición del Señor.
El día que más me impactó fue el de la charla sobre el martirio. Durante la oración pude enfrentar mis miedos, principalmente, el de pensar en lo que pudiera pasar después de mi Brecha que no estuviera conforme a mi plan. Me di cuenta de que tenía que empezar a renunciar, a dejar de poner mi seguridad en lo que yo quiero y estar dispuesta a que el Señor obre, a que derribe y vuelva a construir si es necesario. Decidí que no podía dejar pasar ese tiempo especial de gracia, pedí oración y recibí respuestas muy claras del Señor a través de mis hermanas; sin embargo, el viernes hubo un momento en que mi corazón se turbaba mucho porque me sentía incapaz de lograr esa renuncia.
El sábado, compartiendo con una hermana, me di cuenta de que tenía que cerrar algunos aspectos de mi vida para poder ir un paso más allá, y el Señor me dio luz sobre el proceso que tenía que seguir para lograr una verdadera libertad y sanación en Él, indispensables para tomar decisiones sabias y dirigidas a cumplir Su voluntad; ese día me perdí de la fiesta de la noche pero valió la pena pues, finalmente, el domingo durante la oración fue la primera vez que sentí que estaba muriendo realmente para que Él tomara el señorío de mi vida, planes y proyectos.
Después de la conferencia:
Al finalizar la conferencia estaban ya puestos los cimientos de la nueva reedificación que el Señor está haciendo de mi. Le doy gloria por lo que pudo hacer en esos días en que superó mis expectativas yendo más allá de las intenciones con las que llegué a Quito; le doy gracias porque me mostró el verdadero trasfondo de mis inquietudes, me llamó a seguir entregando el todo por el todo, y a estar presta a Su voluntad. Mis fuerzas están renovadas en esta segunda parte de mi Brecha y estoy segura de que las decisiones que sigo tomando en estos días en que todavía medito sobre las palabras y promesas que me hizo el Señor, van a trascender en las siguientes etapas de mi vida.
Gabriela Cruz.
Gabriela Cruz.
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